Un sexenio mas que se perdio

Como Vicente Fox no entiende el mundo más que a través de los medios, su campaña publicitaria previa a su quinto informe de gobierno ha sabido resumir el mundo en un spot. Lo malo, en todo caso, ha sido su incomprensión de la realidad: el contenido de sus mensajes televisivos revela el compromiso original de una transición a la democracia. Sólo que en la práctica el foxismo ha sido una continuidad del sistema político priísta.
En la concentración de celebración de la victoria la noche del 2 de julio del 2000, una demanda se impuso como grito de victoria: ¡no nos falles! A la vuelta de cinco años, Fox y su gobierno le han fallado a la sociedad: la alternancia no se convirtió en transición a la democracia y el cambio político se ajustó a los criterios de manipulación mediática sólo para buscar votos electorales.
El origen de la falla foxista radicó en el diagnóstico de la crisis. Fox y el panismo consideraron que la crisis nacional se fundamentaba en la presencia del PRI en la presidencia de la república. Por tanto, el sólo cambio de partido iba a modificar mágicamente la realidad. La lectura política de Fox al día siguiente de la victoria aterrizó en el peor de los realismos: el pesimista. Un presidente de la república salido de la oposición no iba a gobernar con un congreso priísta. De esa lectura salió la decisión estratégica de pactar la gobernación del país con el PRI.
El discurso político de la alternancia se quedó en la superficie: combatir la corrupción, atender las protestas de la gente y reiterar el fin del ciclo priísta. La realidad, sin embargo, fue otra. Y Fox no sabe aún como asumirla a cinco años de su gobierno: el país estaba necesitado de una verdadera transición política, económica y social. Es decir, de realizar los cambios en las estructuras priístas para que el país pudiera retomar la senda del desarrollo equilibrado y justo.
Las estructuras priístas se habían atrincherado en tres espacios de dominación política histórica: el modelo de desarrollo, el Estado y la Constitución. La crisis del país hacia el 2000 no se explicaba sólo por la persistencia de la corrupción y la violencia sino en función del agotamiento de la hegemonía priísta sustentada en arreglos, acuerdos y compromisos de la clase política dirigente con las corrientes sociales dominantes.
La victoria panista, por tanto, no se explica por el hartazgo de la sociedad ni por la violencia política ni por la candidatura de Francisco Labastida. La gran crisis que explica la derrota del PRI fue la social, lo mismo la pobreza que el abandono de las clases. Y ahí confluyeron las crisis de los pilares de la legitimidad priísta. Cuando el Estado priísta ya no pudo crear la riqueza y repartirla, el edificio priísta comenzó a cuartearse.
Por tanto, la coincidencia de tres crisis explicó la derrota del PRI en el 2000 y la victoria de Fox: el colapso del modelo de desarrollo, la desarticulación del Estado y el agotamiento de la propuesta constitucional que legitimada al modelo productivo y al aparato estatal. Fox, por tanto, no ganó por los medios ni por sus ataques contra el PRI ni por su denuncia de corrupción. La recuperación electoral priísta se explica en función del discurso de la expectativa de recuperar ese pasado. Y la falta de votos por el PAN tiene que ver con el hecho de que los panistas no comprendieron el trasfondo del conflicto político.
El corte de caja que haga Fox en su quinto informe de gobierno deberá enfatizar no el pasado priísta sino la explicación de por qué no pudo superar la crisis nacional de desarrollo. Tampoco será suficiente culpar al congreso por el rechazo a las reformas estructurales si antes no explica en qué contexto de reconstrucción del modelo de desarrollo se localizarían esas reformas. Asimismo, las razones para posponer la gran reforma del Estado. Y sobre todo, la explicación de por qué no le entró al rediseño de la Constitución para darle forma y límites al nuevo país.
Como presidente de la alternancia, el desafío de Fox era el de dar el gran salto cualitativo a la república. Y ahí se localizaron las tres grandes reformas necesarias: del modelo de desarrollo, del Estado y de la Constitución. Lo demás era, ciertamente, lo de menos. Fox podrá alegar una disminución en la tasa de pobreza como parte de los programas sociales del gobierno. Pero el reto era mayor: modificar la estructura de la pobreza a través de un modelo de desarrollo que garantizara un crecimiento sostenido con mecanismos públicos de distribución de la riqueza.
En el fondo, el problema real del país no era el PRI; en realidad era la incapacidad del PRI para sostener el viejo modelo de desarrollo social, primero en el populismo y luego con el neoliberalismo. La crisis que permitió la alternancia del 2000 fue, por tanto, del modelo de desarrollo que propició el aumento creciente de la pobreza y que concentró la riqueza. El PRI perdió porque el gobierno de Zedillo sacrificó más a los pobres y salvó a los banqueros y empresarios quebrados. El PRI salió derrotado en el 2000 por la falta de expectativas en el discurso de Labastida y del propio partido.
El quinto informe de Fox no explicará las razones de su fracaso. Buscará, de nueva cuenta, despertar el sentimiento antipriísta de los mexicanos. Pero será una salida fácil para ocultar su fracaso. Fox debió de haberle dado viabilidad a la alternancia con una propuesta que atendiera las tres causas de la crisis social: el modelo de desarrollo, el Estado y la Constitución. Al contrario, Fox trató de revivir el modelo priísta de desarrollo, de rehacer al Estado priísta y de mantener la Constitución priísta. Y ahí justamente tronó la alternancia.
A cinco años de aquella celebración, el saldo es obvio: Fox le falló a la alternancia.

